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Alabado sea el Santísimo

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Corpus Christi 2009
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viernes 11 de diciembre de 2009

Festividad de la Inmaculada Concepción en Sevilla: besamanos de la Virgen de las Penas, Hermandad de Santa Marta.










jueves 10 de diciembre de 2009

Festividad de la Inmaculada Concepción en Sevilla: Besamanos de Ntra Sra de los Dolores, Hermandad de Santa Cruz.















Festividad de la Inmaculada Concepción en Sevilla: Besamanos de Ntra Sra del Socorro, hermandad del Amor.














miércoles 9 de diciembre de 2009

Festividad de la Inmaculada Concepción en Sevilla: Besamanos de Ntra Sra de las Tristezas, hermandad de la Vera-Cruz.













Festividad de la Inmaculada Concepción: besamanos de la Virgen de la Concepción, Hermandad del Silencio.











Festividad de la Inmaculada Concepción: besamanos de la Pura y Limpia del Postigo.





jueves 3 de diciembre de 2009

Museo de Arte Sacro, Parroquia de Santa Cruz (IV) Écija.

Siguiendo nuestro recorrido por las salas del Museo de Arte Sacro de la Parroquia de Santa Cruz, veremos tres vitrinas pertenecientes a la sala 2 de este precioso y completo complejo.


Esta vitrina que vemos en la foto, está compuesta por dos copones y dos cálices.

Copón: Se trata de un copón realizado en plata de ley en el taller sevillano del orfebre Juan de Ortega, en la primera mitad del siglo XVI

Copón: Gran copón realizado en plata sobredorada, con la cruz que lo corona en oro y pedrería. Obra del Cordobés Diego de Alfaro, orfebre de familia de gran prestigio en el mundo de la orfebrería, y de mediados del siglo XVI.

Cáliz: se trata de una pieza realizada en plata dorada por el orfebre cordobés Antonio García Vallejo hacia 1726.

Cáliz: Pieza realizada en plata de ley en el primer tercio del siglo XVIII por el ecijano Antonio López del Valle.





La siguiente vitrina está compuesta por una Cruz de Altar y dos relicarios.

Cruz de Altar: Preciosa cruz realizada en plata y plata sobredorada por el prestigioso orfebre Diego de Alfaro en Córdoba hacia 1560 con grandes influencias renacentistas.

Relicario del Lignum Crucis: Relicario portador de una espina de la Cruz de Ntro Señor Jesucristo, realizado en plata sobredorada por Antonio López del Valle en Écija hacia 1726.

Relicario de San Pedro: Poseedor de la reliquia del Apostol San Pedro, realizado en plata de ley por el orfebre Antonio López del Valle en Écija hacia 1726.




En la siguiente vitrina encontramos una fuente.

Se trata de una fuente de autor anónimo de mediados del siglo XVII y tiene procedencia hispano-americana y está realizada en plata de ley. Posteriormente, hacia 1709, se le añadieron el medallón en plata sobredorada y las inscripciones por un orfebre ecijano anónimo.



lunes 23 de noviembre de 2009

Rúbrica y Liturgia de la Iglesia: La sandalia episcopal.




FORMA Y USO ACTUAL

A diferencia de las sandalias antiguas, que consistían simplemente de suelas sujetas al pie por correas, las sandalias episcopales son en forma de zapatos bajos y se asemejan a zapatillas. La suela es de cuero; la parte superior, generalmente adornada con bordadura, se hace en la actualidad de seda o terciopelo. No se requiere cruz sobre las sandalias; en Roma este es un privilegio exclusivamente papal. Con las sandalias se usan las medias litúrgicas, caligæ. Las medias, que son de seda, son tejidas, o bien se hacen cosiendo juntas, piezas de tela de seda que han sido cortadas en forma apropiada; se llevan sobre las medias ordinarias. El privilegio de usar las sandalias y las caligæ pertenece solamente a los obispos. Pueden ser usadas por abades y otros prelados solo por privilegio especial del papa y únicamente en cuanto el privilegio lo conceda. El calzado pontifical se usa solamente en la Misa pontifical solemne y en oficios realizados durante la misma, como ordenación, pero no en otras ocasiones, como, por ejemplo, Confirmación, Vísperas solemnes, etc. Es por lo tanto en el sentido más exacto de la palabra, una vestidura usada durante la Misa. El color litúrgico para el día determina el color de las sandalias y las caligæ; no hay, sin embargo, sandalias o medias negras, en cuanto el obispo no hace uso del calzado pontifical ni en misas de difuntos ni en Viernes Santo. Las Sandalias y las medias se acostumbran solamente en el Rito Latino y no se conocen en los Ritos Orientales.












HISTORIA

Las Sandalias y las medias pertenecen a las vestiduras litúrgicas sustentadas por la evidencia más antigua. Están pintadas sobre los monumentos del siglo quinto, por ejemplo sobre mosaicos de San Sátiro cerca de San Ambrosio en Milán, y en aquellos del siglo sexto, v.gr., los mosaicos en San Vitalio en Rávena. Originalmente las sandalias eran llamadas campagi, las medias udones. Los zapatos recibieron el nombre de sandalia probablemente durante el octavo a noveno siglo, y su nombre les fue aplicado primero en el norte; la denominación caligæ para los udones entró en uso en el siglo décimo, también en el norte. En cuanto a la forma y material originales de las campagi, eran zapatillas que cubrían solamente la punta del pie y el talón, y deben haber sido sujetadas al pie por correas. Esta zapatilla era hecha de cuero negro. Las medias eran, muy probablemente, hechas de lino, y eran de color blanco. En el período más antiguo las campagi y los udones no eran de manera alguna un ornamento episcopal exclusivamente, puesto que eran usadas por los diáconos. En verdad esta cobertura del pie no estaba reservada exclusivamente para el clero, así como no solamente los monumentos muestran que las campagi y los udones eran usados por el laicado, sino que también Lydus atestigua este uso (De mag., I, xvii). Las Campagi y los udones originalmente fueron usados en la era post-Constantino como una señal de distinción por ciertas personas de rango, y probablemente fueron copiados del calzado de los antiguos senadores.












Su uso llegó gradualmente a ser costumbre entre el alto clero, especialmente cuando estos comparecían en su plena capacidad oficial para la celebración de la Liturgia. Durante los siglos octavo y noveno también los subdiáconos y acólitos romanos utilizaban un calzado distintivo, los subtalares, que, sin embargo, eran más sencillos que las campagi, y no tenían correas. Las sandalias y las medias llegaron a ser una vestidura específicamente episcopal alrededor del siglo décimo. Aparentemente ya en el siglo doce, o a más tardar en la segunda mitad del siglo trece, no fueron usadas más por los diáconos principales de Roma. El privilegio de usar las sandalias y las caligæ fue primero concedido a un abad (Fulrad de San Denis) en 757 por Esteban III. Este es, sin embargo, un caso aislado, ya que fue solamente después del último cuarto del siglo décimo, y especialmente después del siglo doce que llegó a ser costumbre conceder este privilegio a los abades.










DESARROLLO DE LA FORMA

Las caligæ no parecen haber experimentado ningún desarrollo particular. En la Edad Media reciente eran, como regla general, hechas de seda. La más temprana imposición de las regulaciones para los colores litúrgicos respecto a las caligæ parece haber sido en Roma, pero aún aquí, probablemente no ocurrió hasta el siglo catorce. Las sandalias retuvieron sustancialmente su forma original hasta el siglo décimo.








Entonces las correas fueron reemplazadas por tres o cinco lenguas que llegaban al tobillo, extensiones del cuero superior sobre la punta del pie, y estas eran ajustadas al tobillo mediante un cordón. En el siglo doce estas lenguas fueron gradualmente acortadas; en el siglo trece, la sandalia era un zapato regular con una abertura por encima del pie o a un lado para hacer más fácil la postura. En el siglo diez y seis hubo un retorno a la forma original de la sandalia; en lugar de un zapato alto ahora llegó a ser una vez más un revestimiento del pie, como una zapatilla, una forma que ha retenido hasta la actualidad.





El material del cual se hacen las sandalias pontificales fue, hasta el siglo trece, exclusivamente cuero, en ocasiones cubierto con seda. Desde la Edad Media reciente, la parte superior de las sandalias ha sido hecha, no de cuero, sino de seda, terciopelo, etc. No es sino hasta alrededor de 1400, con la excepción de ejemplos previos enteramente aislados, que se va a encontrar una cruz sobre las sandalias. La decoración en forma de horquilla, frecuentemente encontrada en zapatos pontificales, especialmente en aquellos del siglo trece, no era una cruz sino simplemente un adorno.













Fuente: Enciclopedia Católica.

domingo 22 de noviembre de 2009

Museo de Arte Sacro, Parroquia de Santa Cruz (III) Écija.

Siguiendo con nuestro recorrido por el museo de Arte Sacro de la Parroquia de Santa Cruz de Écija, veremos de nuevo varias muestras de orfebrería.

Perteneciente a la sala dos, vemos esta vitrina, donde se encuentran varias muestras de orfebrería y joyería.

El copón se trata de una obra en plata de ley, de autor anónimo hacia 1816 proveniente de Córdoba.

Copón-purificador es igualmente una obra en plata de ley, de autor anónimo hacia 1805 de talleres ecijanos.

Cadena, obra en plata de ley de finales del siglo XVIII y de autor anónimo.

Escapulario, obra en plata de ley rematada por un águila bicéfala de la segunda mitad del siglo XVIII y de autor anónimo.

Llaves del Monumento, son dos piezas, una en plata de ley y otra en plata dorada, con sus correspondientes cordonaduras. De autor anónimo hacia 1775 por talleres ecijanos.

Puñal realizado en plata de ley, del último cuarto del siglo XVIII de autor anónimo proveniente de talleres ecijanos.

Rosario, realizado de coral y plata de ley de autor anónimo de mediados del siglo XVIII. El otro mas pequeño, realizado en oro y semillas es igualmente de autor anónimo del siglo XVIII.

Señalador, obra en plata de ley y realizado por Bernardo Laureano en Sevilla en 1708.

Las vinajeras, realizadas en plata dorada por Bernabé García y Aguilar en Córdoba en el año 1800.






En otra vitrina de esta misma sala, encontramos este altar portatil, obra de Vicente Barreda Marchena en écija hacia 1777. Se trata de un altar en madera policromada, forrada de cuero rojo con adornos dorados. La parte central, está bordada en oro, plata y sedas. Los medallones y las aplicaciones son en plata de ley.




En otra de las vitrinas, más concretamente la vitrina numero 9, encontramos otros tres objetos litúrgicos.

Copa, obra en plata de ley, por Vicente Barreda Marchena en Écija hacia 1780.

Crismeras, realizada en plata de ley y plata dorada por Antonio López del Valle en Écija hacia 1725.

El portaviático, es obra de José de Carmona, orfebre sevillano en el año 1776, siendo ésta en plata de ley con forma de pelícano.



sábado 21 de noviembre de 2009

Museo de Arte Sacro, Parroquia de Santa Cruz (II) Écija.

Siguiendo con el Museo Sacro de la Parroquia de Santa Cruz, veremos más objetos pertenecientes a la sala 1 del complejo museístico.


Encontramos esta preciosa pieza, se trata de un medallón de San Joaquín de la escuela sevillana del siglo XVIII y de autor anónimo. Se trata de un óleo sobre tabla, y enmarcado con hojas de acanto en madera tallada y dorada. Este medallón hace juego con uno de Santa Ana de similares características.





Se encuentra igualmente esta vitrina, donde se encuentran diversos objetos de orfebrería: En primer lugar encontramos la Mitra, obra en plata de ley por José de Aguilar Pérez entre 1814-23. La iglesia es igualmente en plata de ley, obra del mismo autor. La pluma es en plata de ley, obra del orfebre cordobés J. Soto en 1849. Estos tres objetos, son pertenecientes a la imagen de San Agustín de Hipona. La corona, en plata de ley es obra del orfebre ecijano José Franco Hernández Colmenares hacia 1775.





En esta misma sala, encontramos una preciosa cajonera rococó, visible en la parte inferior de la foto, obra de un taller de Écija hacia 1752. Colgadas en la pared, encontramos un juego de dos cornucopias en madera tallada y doradas, realizadas por talleres ecijanos en el siglo XVIII. La central es igualmente obra de este taller, con un documento concediendo indulgencias de D. Marcos Llanes, Arzobispo de Sevilla.






Observamos dos pinturas, óleo sobre tabla de San Pablo y San Pedro, datadas en el siglo XVIII de autor anónimo, y posiblemente de procedencia cordobesa.




viernes 20 de noviembre de 2009

Museo de Arte Sacro, Parroquia de Santa Cruz (I) Écija.

Empezamos con nuevas entradas, y después de recorrernos las naves de la preciosa Parroquia de Santa Cruz, sin salir de ella, veremos su maravilloso museo, el cual recoje un valiosísimo patrimonio litúrgico y artístico de gran antigüedad y belleza.

Comenzamos hoy, por la sala uno, donde veremos muestras de orfebrería, talla y pintura.

En primer lugar, hablaremos del conjunto visible en la foto, compuesto por un juego de atriles rococós y de gran belleza en plata de ley, realizados por el orfebre cordobés Damián de Castro en 1762-3.

Las tres sacras, colgadas en la parte superior, son igualmente rococós realizadas en plata de ley por este mismo orfebre cordobés y en la misma fecha

Igualmente los portapaces inferiores, son de este mismo estilo y orfebre, realizados en plata de ley y las imágenes de las Inmaculadas en su cartela central de plata dorada.


Es un conjunto de altar, en desuso, sobre todo era utilizados en la celebración de la misa por el rito antiguo y tradicional aunque al menos ha quedado en buen lugar y expuesto al público y no en cajones o en anticuarios.






En segundo lugar, vemos una taca, utilizada para guardar los libros de Bautismo y los Oleos, en la parte superior se encuentra la inscripción Olea Sacra. Está realizada en madera tallada y dorada
con forma de cruz vegetal en la puerta y enmarcada con talla. Es una pieza anónima del siglo XVII.

A los lados de esta taca, encontramos dos preciosos lienzos sobre tabla ovalados, anónimos del siglo XVII, a la izquierda san Crispín y a la derecha san Fulgencio.



domingo 15 de noviembre de 2009

Rúbrica y Liturgia de la Iglesia: El Corporal

(del latín 'corpus', cuerpo).
Una pieza cuadrada de lino blanco, que en la actualidad es algo menor que el ancho del altar, sobre la que se colocan la Sagrada Hostia y el cáliz durante la celebración de la misa. Aunque falta una evidencia formal, está generalmente aceptado que se ha empleado algún objeto de la naturaleza del corporal desde los primeros días de la cristiandad. Naturalmente, en los primeros tiempos es difícil distinguir entre el corporal y el mantel, y un pasaje de San Optato (c. 375), que pregunta "¿Qué cristiano ignora que al celebrar los sagrados misterios la madera [del altar] se cobre con un paño de lino?" (ipsa ligna linteamine cooperiri, Optatus, VI, ed. Ziwsa, p. 145), nos deja con la duda de a qué se está refiriendo. Este es probablemente el testimonio directo más antiguo; pues la promulgación del "Liber Pontificalis", "Él (el papa Silvestre) dispuso que el Sacrificio no debía celebrarse sobre una tela teñida o de seda, sino sólo de lino, que brota de la tierra, así como el cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo fue enterrado en un sudario de lino limpio" (Mommsen, p. 51), no es fiable. Las ideas expresadas en este pasaje aparecen en una carta auténtica de San Isidoro de Pelusium (Ep, i, 123), y de nuevo en la "Expositio" de San Germán de París en el siglo sexto (P. L. LXXII, 93). Ciertamente permanecieron a través de la Edad media, como muestran los versos siguientes, atribuidos a Hildeberto (P. L., CLXXI, 1194):


Ara crucis, tumulique calix, lapidisque patena,
Sindonis officium candida byssus habet.













Es bastante probable que en los primeros siglos solo se empleara una pieza de lino, que servía igualmente como mantel y corporal, éste de tamaño grande y doblado para cubrir el cáliz. Es muy dudosa la atribución que Barbier de Montault hace de algunos lienzos del tesoro de Monza como corporales. El corporal se describía como palla corporalis, velamen dominicæ mensæ, opertorium dominici corporis, etc.; y parce que en general eran de lino, aunque oímos acerca de paños de altar de seda (Greg. de Tours, "Hist. Franc.", VII, 22; X, 16) o de púrpura (Paulus Silentiarius, "Descr. S. Sophiæ", p. 758; una miniatura en el Bendicional de San Thelwold en el siglo décimo también muestra un paño de altar de púrpura), o de tela de oro (Crisóstomo en Matt., Hom 1).












En algunos de estos casos es difícil determinar si se habla del mantel o del corporal. De cualquier manera, no hay duda que en época carolingia, o incluso antes, se estableció una clara distinción. Así, en el siglo décimo, Regino de Præm (De Disc. Eccl., cap. cxviii) trae una cita del concilo de Reims que decreta "que el corporal [corporale] sobre el que se ofrece el Sagrado Sacrificio debe ser del lino mejor y más puro sin mezcla de ninguna otra fibra, pues el cuerpo de Nuestro Salvador no fue envuelto en seda, sino en lino limpio". Añade que el corporal no debe permanecer en el altar, sino que hay que colocarlo en el Misal [Sacramentorum libro] o depositarlo con el cáliz y la patena en algún receptáculo limpio. A la hora de limpiarlo, debía ser lavado primero por un presbítero, diácono o subdiácono en la propia iglesia, en un lugar o vasija reservada especialmente para esta labor, pues había sido impregnado con el Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor. Después puede ser enviado a la lavandería y ser tratado como cualquier otro lienzo. La sugerencia de guardar el corporal entre las hojas del misal es interesante, porque muestra que no puede, incluso en el siglo décimo, haber tenido siempre el tamaño extravagante que se puede inferir de la descripción en el "Segundo Ordo Romano" (cap. ix), donde se representa al diácono y al subdiácono doblándolo. Aún así, era lo bastante grande en este período para cubrir el cáliz, y cumplir así la función de la palia actual. Los cartujos aún hacen esto, pues no usan palia y no observan la elevación del cáliz.












En cuanto al tamaño del corporal, puede que se introdujeran cambios cuando los fieles dejaron de llevar rebanadas al altar, pues ya no había necesidad de un lienzo amplio para depositarlas y cubrirlas. De cualquier manera, fue en el siglo once o doce cuando la práctica de doblar el corporal sobre el cáliz dio paso al uso de un segundo corporal (plegado) para cubrir el cáliz cuando era necesario. Esta cuestión se ve debatida al detalle en una de las cartas de San Anselmo, que da su aprobación a esta disposición (P.L. CLVIII, 550); y un siglo después encontramos que el Papa Inocencio III dispone que "hay dos tipos de palias o corporales, como se llaman [duplex est palla quæ dicitur corporale], una que el diácono despliega sobre el altar, y la otra que se coloca plegada sobre la embocadura del cáliz" (De Sacrif. Missæ, II, 56). La unidad esencial de la palia y el corporal queda demostrada más adelante por el hecho que de que la bendición especial que ambos deben recibir antes de su uso les designa como "linteamen ad tegendum involvendumque Corpus et Sanguinem D.N.J.C.", es decir, para cubrir y envolver el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Esta bendición especial para corporales y palias aparece en documentos litúrgicos celtas del siglo séptimo, y la forma que prescribe actualmente el Pontifical Romano se encuentra casi con las mismas palabras en el "Liber Ordinum" español, de fecha tan temprana como la citada.











Según las normas litúrgicas actuales, el corporal no debe estar adornado con encaje, y ha de estar confeccionado enteramente de puro lino blanco, aunque parece haber muchas excepciones medievales a esta ley. No debe ser dejado extendido sobre el altar, sino que cuando no se usa hay que doblarlo y colocado en una bolsa o "estuche de corporales" [corporas-case], como se le llamaba comúnmente en la Inglaterra anterior a la Reforma. Sobre estas bolsas se desplegaba mucha ornamentación, tal ha sido el uso desde la época medieval, y aún hoy sobreviven muchos ejemplos. Hoy en día, el corporal se dobla en dos a lo ancho y en dos a lo largo, de modo que plegado forme un pequeño cuadrado. Antiguamente, cuando era mayor y se empleaba también para cubrir el cáliz, se doblaba en cuatro a lo largo y en cuatro a lo ancho. Esta práctica se observa aún por las órdenes religiosas más antiguas. El corporal y la palia han de pasa por un triple lavado a manos de un presbítero, o por lo menos de un subdiácono, antes de ser enviados a la lavandería. Además, cuando están en uso sólo los clérigos pueden manipularlos, o en su defecto los sacristanes a los que se haya concedido un permiso especial.
















Fuente: Enciclopedia Católica.

jueves 12 de noviembre de 2009

Parroquia Mayor de Santa Cruz (IX) Capilla Bautismal. Écija.

Para finalizar nuestro recorrido por la maravillosa Parroquia de Santa Cruz de Écija, veremos hoy la Capilla Bautismal.

Situada en la parte trasera del templo, en el lado de la epístola, nos encontramos con esta pequeña pero preciosa capilla, donde en el centro se encuentra la pila Bautismal en marmol rojo. En la pared y en ladrillo visto se hace un arco de medio punto central, donde se encuentra la talla de vestir de una Dolorosa, posiblemente del XVIII. A los lados, dos columnas de ladrillos igualmente vistos, donde se encuentran dos imágenes de Santos.





Esta Dolorosa, posiblemente del siglo XVIII, se encuentra vestida totalmente de negro, con una corona dorada sobre sus sienes. Probablemente perteneció a alguna cofradía, aunque pocos datos tengo sobre la imagen.





De tez blanca, y sonrosadas mejillas, nos recuerda esta imagen a otras dolorosas de este siglo, encontradas igualmente en Écija.


A su lado, se encuentra situada una imagen de Santa Rita, probablemente proveniente del desaparecido convento Agustino ecijano, al igual que el retablo ya comentado anteriormente. Es una talla de principios de mediados del siglo XVIII siendo esta de vestir y presenta la palma triplemente coronada y una corona de espinas. Es identificable fácilmente por la llaga en la frente.




En el otro lado, encontramos la talla de un Santo, con la vestimenta de Obispo, probablemente puede ser San Agustín, pero le faltan atributos para determinar cual puede ser. Se trata de una imagen de principios del siglo XVIII en madera policromada y es una talla para vestir.



domingo 8 de noviembre de 2009

Especial, Reportaje salida Extraordinaria del Descendimiento, 50 Aniversario, Jerez.





























viernes 6 de noviembre de 2009

Parroquia Mayor de Santa Cruz (VIII) Retablo del Resucitado. Écija.

De nuevo, seguimos recorriendo las naves del precioso templo ecijano de Santa Cruz, donde veremos en esta ocasión el retablo dedicado a los titulares de la Hermandad de la Resurrección.


Situado en la nave de la epístola, nos encontramos este retablo similar a los anteriores del Calvario, Nazareno y San José. De estilo neoclásico del siglo XIX imitando mármoles. Se enmarca en un gran arco de medio punto que se sostiene entre dos columnas de capitel corintio dorados en oro fino. Dentro de este, se encuentra lo que podriamos definir como el retablo en si, el cual la hornacina central donde se encuentra la imagen de Cristo Resucitado, está enmarcada con una cubierta sencilla, dejando un pequeño espacio como frontón que deja ver el fondo pintado en tonos marrones. A cada lado de éste, la Virgen y María Magdalena.






La imagen de Cristo Resucitado es una escultura de madera policromada que mantiene el modelo iconográfico habitual. Cristo bendice con la diestra alzada y adopta elegante contraposto. Se cubre con un paño dorado, anudado a la derecha; el torso, girado suavemente hacia la izquierda, rompe la frontalidad. Mediante esta respresentación clásica, fechable hacia 1600, la Resurrección del Señor da verdadero sentido al misterio Pascual de Cristo, constituyendo el paso de la muerte a la vida, de la kénosis a la apoteósis. Con la mano izquierda sostiene un estandarte en plata de forma rectangular, con picos triangulares y campanillas; éste está decorado con tulipanes, hojarasca y una cartela vegetal en su centro con el anagrama de Jesús y los tres clavos. Data del primer tercio del siglo XVIII; al final de esa centuria, un platero ecijano, apellidado Franco realizó las tres potencias de plata que ostenta sobre la cabeza. La imágen de Cristo resucitado fue bendecida, después de ser restaurada por Ricardo Comas, en marzo de 1981.


Procesiona en la mañana del Domingo de Resurrección en un precioso paso en madera dorada.






La imagen de la Virgen de la Alegría, sustituye a la primitiva imagen de la Virgen que poseía la cofradía. Al igual que la anterior, se trata de una imagen de candelero para ser vestida. Obra del imaginero sevillano Antonio Dubé de Luque, fue bendecida el 21 de febrero de 1988; en su rostro posee los rasgos típicos de su autor: hoyito en la barbilla, grandes ojos pintados sobre la madera, cuello tallado con la fosa supraclavicular, etc. Luce saya blanca y manto azul de damasco, los dos lisos sin bordados.




La imagen de María Magdalena es igualmente una talla de candelero para vestir, desconocíendose los datos y fechas de la imagen, probablemente fechada en el siglo XVIII.